Vices Rebeldes | «Nocturno maldito en Bogotá»: un recorrido por la memoria, la poesía y los fantasmas de José Asunción Silva
Escritores Rebeldes da la bienvenida al escritor español Antonio Costa Gómez, quien se incorpora por primera vez a las páginas de nuestra revista con una crónica literaria que recorre las calles de Bogotá y los territorios más íntimos de la poesía.
En esta nueva entrega de Voces Rebeldes tenemos el gusto de recibir al escritor español Antonio Costa Gómez, cuya trayectoria literaria se ha construido entre la narrativa, la poesía, los viajes y una permanente exploración de los vínculos entre el arte y la experiencia humana.
Nacido en Barcelona en 1956 y criado en Lugo, Costa Gómez estudió Filología Hispánica e Historia del Arte en Santiago de Compostela. Fue profesor de Literatura en enseñanza media y ha recorrido más de cincuenta países. Su producción bibliográfica comprende numerosas obras, entre ellas La calma apasionada, Mateo, el maestro de Compostela, El cuarto de Dylan Thomas, Balada del centauro en Compostela y La casa de los encajes tristes. También ha colaborado con diversos medios y publicaciones literarias, y su novela La calma apasionada fue traducida al francés y al rumano.
Su llegada a nuestra revista se produce con «Nocturno maldito en Bogotá», una crónica literaria en la que la capital colombiana se convierte en escenario de recuerdos, encuentros y reflexiones sobre la creación poética.
A través de sus recorridos por La Candelaria, la Casa de Poesía Silva y otros espacios vinculados con la memoria cultural de Bogotá, el autor nos acerca a la figura de José Asunción Silva, a la intensidad de su célebre Nocturno y al universo literario de De sobremesa. El relato también establece conexiones con París, el simbolismo europeo y aquellos escritores y artistas que encontraron en la noche un territorio para la imaginación, el misterio y las pasiones humanas.
Más que una evocación biográfica, el texto es una experiencia personal de lectura y admiración. Costa Gómez nos invita a descubrir cómo ciertos poemas permanecen en la memoria durante toda una vida y cómo las ciudades pueden convertirse en lugares donde la literatura continúa respirando.
Desde Escritores Rebeldes damos una cordial bienvenida a Antonio Costa Gómez. Nos alegra abrir nuestras páginas a su voz y compartir con nuestros lectores una obra que establece un diálogo entre España y Colombia a través de la literatura.
Con esta primera colaboración, reafirmamos el propósito de Voces Rebeldes: ser un espacio abierto a escritores de distintas geografías, generaciones y sensibilidades, donde la palabra encuentre libertad para narrar, recordar, cuestionar y emocionar.
Invitamos a nuestros lectores a disfrutar de «Nocturno maldito en Bogotá» y a recorrer, de la mano de su autor, una ciudad en la que la memoria de sus poetas permanece viva.
¡Bienvenido, Antonio Costa Gómez, a Escritores Rebeldes!
¿Qué poeta, libro o ciudad ha dejado una huella imborrable en tu memoria?
NOCTURNO MALDITO EN BOGOTÁ
Yo estaba en La Candelaria, en Bogotá, y visitaba a menudo la casa de José Asunción Silva. Me enseñaron la habitación donde se pegó un tiro. Estaban allí todos los poetas de Colombia, reunidos bajo su nombre, en torno a los dos patios, uno con una escultura extraña y otro con una vegetación exuberante.
Estaba allí desde el Aurelio Arturo de «Morada al sur», que dice: «Te hablo de un bosque extasiado que existe / solo para el oído, y que en el fondo de las noches pulsa».
Y estaba el maldito Raúl Gómez Jattin, que escribió: «Toma mi mano, acaríciala con cuidado, / acabo de cortarla». De modo que se había convertido, en su templo, en el dios de los poetas.
Luego me iba al café El Gato Gris, un laberinto de patios y terrazas, y me repetía sus revelaciones.
En el «Nocturno», la noche se llena de susurros y de músicas de alas, de los signos de vida más sutiles, porque todo lo rimbombante y lo aplastante del día se ha callado. Y es entonces cuando las sombras de él y de su hermana, es decir, sus almas, se alargan apasionadamente, se encuentran en lo más lejano y se convierten en una sola.
Es en la noche cuando se produce la comunicación más desbordada y más completa entre los dos hermanos, de una forma desatada, sin que nadie los estorbe.
Y eso lo dice el poeta con versos larguísimos, llenos de repeticiones y de elementos musicales, como si también los elementos del verso se desataran en la noche.
Desde los dieciocho años me he recitado a mí mismo ese poema y me ha dado los desbordamientos más apasionados, las músicas más secretas en la noche y el volcarse de la parte más soterrada de la vida.
En el barrio de Nueva Atenas de París, hace años, también lo estuve buscando. Es curioso cómo conecta lo aparentemente clásico con la noche simbolista. Pero los simbolistas, como Odilon Redon o Gustave Moreau, se inspiraban a menudo en temas clásicos griegos. En ese barrio vivía un amigo de Silva, al que visitaba con frecuencia: Gustave Moreau. Por fuera, la casa muestra su empaque.
Por dentro hay dos niveles, y al nivel de arriba lleva una escalera de caracol abierta que parece de un cuadro prerrafaelista. Subir por ella es como subir a niveles misteriosos de conocimiento, es como subir a la noche.
En el interior se acumulan creaciones exuberantes y misteriosas de Moreau: cuadros sobre Salomé, sobre las sirenas, sobre las esfinges, sobre Orfeo, seres atraídos por la noche, arrastrados por sus pasiones misteriosas en la noche.
En París, Silva conoció a los simbolistas, a Joris Karl Huysmans. Y allí concibió una novela simbolista de base biográfica que tituló De sobremesa. Consiste en una charla después de cenar, ya en Colombia, del protagonista José Fernández con sus amigos, mientras les lee trozos de un diario.
Una noche, en Ginebra, ve fugazmente a una muchacha de quince años que viaja con su padre. Todo su ser se desata con esa visión, con esa imagen, con ese sueño. Distingue su silueta tras la ventana de su hotel y le arroja un ramo de rosas. Es la condesa Helena de Scilly.
Ella cierra la ventana y él no sabe cómo amarla. Nunca la vuelve a ver, pero emprende una búsqueda de esa visión por toda Europa. Mucho tiempo después la encuentra, pero solo es un nombre en una lápida del cementerio Père-Lachaise.
Mientras sueña con esa visión mística, José Fernández lleva una vida de relaciones eróticas envuelta en lujos y en decadentismos. Quiere probarlo todo y estar al tanto de todo. Encuentra el positivismo, la filosofía irracionalista de Nietzsche y Schopenhauer, las locuras de Maupassant, los sueños del prerrafaelismo. Imagina que, con grandes gastos y maniobras alucinantes, se convertiría en un líder nietzscheano de Colombia.
Se deja llevar por todas las sugestiones en la noche de París. Pero la intuición más apasionada fue aquel encuentro en Ginebra.
La novela es como una visión de sobremesa, algo que se concibe después de cenar, con los personajes ya metidos en la noche.
El narrador les cuenta todo a los invitados en la noche, es decir, cuando están más dispuestos a escuchar libremente, cuando ellos mismos se callan, cuando sus sentidos están más dispuestos al delirio. Es como una creación concebida en la noche.
No es el «Nocturno», pero es otra visión de cómo la noche nos puede acercar al absoluto.
Valió la pena visitar la tumba de Silva en Bogotá. Yo siempre me pongo muy místico con los lugares de los grandes poetas; me parece que queda una impregnación de ellos en esos sitios.
Y Silva, que acuchilló mi vida tantas veces, fue el dios de los poetas, tanto los malditos como los aplicados.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
CONSUELO DE ARCO: HACIA LA CASA DE SILVA
AUTOR: ANTONIO COSTA GÓMEZ (ESPAÑA)
© DERECHOS RESERVADOS AUTOR

Antonio Costa Gómez nació en Barcelona el 12 de enero de 1956 y creció en Lugo. Estudió Filología Hispánica e Historia del Arte en Santiago de Compostela. Fue profesor de Literatura en enseñanza media y ha viajado por más de cincuenta países.
A lo largo de su trayectoria literaria ha publicado numerosas obras, entre las que se encuentran Las campanas (Delalunalibros, 2004); La reina secreta (Delalunalibros, 2005); Las fuentes del delirio (Cultivalibros, 2006); La calma apasionada (Cultivalibros, 2007); Mateo, el maestro de Compostela (Nowtilus, 2010); El fuego y el sueño (Quadrivium, 2014); El huevo (Ediciones Camelot, 2018); Los camiones de Patagonia (Ediciones en Huida, 2019); El misterio del cine (Quadrivium, 2019); La casa que se tragó el otoño (Ediciones Europa, 2020); El caballo de Fussli (Ediciones Matrioshka, 2022); El cuarto de Dylan Thomas (Editorial Irrecuperables, 2023); Balada del centauro en Compostela (Editorial Dalya, 2023); ¿Por qué no besé a Chavela Vargas? (Editorial Los Reyes del Mambo, 2024); La función Chopin (Editorial Irrecuperables, 2025); La lluvia avisa en Compostela (Editorial Los Reyes del Mambo, 2025); Bécquer como resistencia (Niña Loba, 2025), y La casa de los encajes tristes (Editorial Dalya, Cádiz, 2026).
Su obra también figura en antologías como Florilegium, poesía española última (Selecciones Austral, 1983) y Elogio de la diferencia (Cajasur, 1995).
Entre los premios y reconocimientos mencionados en su trayectoria se encuentran el de La Estafeta Literaria (1976), el del Ministerio de Cultura en Madrid (1981), el accésit San Clemente de Santiago (1984), el premio Amantes de Teruel (1985) y el reconocimiento del Día de la Poesía en Segovia (2012).
Asimismo, fue finalista del Premio Casino de Mieres (1990), del Premio Nadal (1994), del Premio Herralde (2014), del Premio Ciudad de Sevilla (2016) y del Premio Azorín (2018).
Ha colaborado en diversas publicaciones y medios de comunicación, entre ellos La Voz de Galicia, El Progreso, ABC, Córdoba, El Correo Gallego, La Estafeta Literaria, El coloquio de los perros, Cuadernos Hispanoamericanos, Barcarola, Ideal de Granada, Diario 16 y El Malpensante.
Su novela La calma apasionada fue traducida al francés y al rumano.
